Llevo más de tres años en networking. Y durante mucho tiempo, este sector me hizo creer que mi trabajo era memorizar el guion de otra persona.
Acumulé cursos, mentorías, libretas con frases que a otros les funcionaban y a mí no. Fui a todos los formadores que encontré. Apunté palabras nuevas cada semana y el lunes volvía a sentir lo mismo de siempre: que estaba interpretando un papel.
Vendía con miedo a parecer pesada. Cerraba con la sensación de pedir perdón. Reclutaba con la urgencia de quien no se cree del todo lo que está ofreciendo. Y cuando me preguntaban por mi negocio, la voz me cambiaba.
Hasta que entendí que el problema no era mi estrategia. Era mi identidad.
Que no me faltaba un script mejor: me faltaba sostenerme cuando hablaba. Que no necesitaba más técnicas: necesitaba dejar de imitar a quien admiraba y empezar a escuchar lo que ya tenía dentro.
Ahí dejé de coleccionar formadores y empecé a coleccionar respuestas propias. Esa transición — del personaje copiado a la voz propia, de la urgencia al magnetismo — es lo que ahora hago con cada networker que entra al Método AM.
Por eso esto no es para todas. Es para quien está dispuesta a dejar de ser copia de su mentora favorita y empezar a sostener su propia voz. Si te reconoces en este texto, probablemente ya empezaste a hacerlo. El método solo te dará el orden.
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